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Los animales marinos salieron del agua, caminaron en tierra firme y llegaron a una extraña planicie cordobesa, Sahagún. Allá, los tiburones, a punta de empuje y ganas salieron de caza, llevándose consigo una presa felina, con huesos de plátano y sangre de suero.

El duelo arrancó a las 7:30, hora donde según los nativos, sale el mohán a comerse a cualquier hombre que le sea infiel a su dama, a su musa. Se dice que muchos hombres, vestidos de camisa azul, están desaparecidos, algunos argumentan que ellos le fallaron a su ninfa, a su Junior de Barranquilla; los pillaron con prendas de otra.

Durante los primeros minutos de juego, el equipo local, Jaguares de Córdoba, aplicó una estrategia defensiva, esperaban en su campo y después contraatacaban; mientras tanto, los rojiblancos, más motivados que Teo en carnavales, salieron en tromba a comerse a su presa. Jarlan Barrera y James Sánchez fueron muy importantes en la zona de creación de las jugadas de ofensiva, toque aquí y balón por allá, aguardando el arribo del atacante Ovelar.

En la mitad de este primer tiempo, el paragua Ovelar, después de una jugada recíproca entre Jarlan y el seis, James Sánchez, culminó una jugada de gol con un sombrero alto y mexicano, por encima del argentino López (guardameta), gooool. Balón a las redes, mano arriba del juez de linea. Sombrero a la coronilla y gol invalidado. No vale. Fin de la primera parte.

Intermedio. El director técnico, Julio Avelino Comesaña, felicita a sus jugadores, les dice que el gol ya está por venir y les recuerda  que si no juegan bien ellos, Teo y Chará están afuera, ¡el que no pueda va pa fuera, che! Además, tío Fuad estaba atento al partido, y si ve alguna falla, abre su bolsillo y saca billetera; 3 millones de dolares, extranjero, nivel de selección y que venga el que sea.

Arranca el periplo final, los locales y felinos necesitan ganar, por más de dos goles, para clasificar a la siguiente ronda del campeonato. Se adueñan del balón e intentan atacar, en los nacientes minutos del segundo tiempo, pero no alcanzan a arañarlos, pues ellos están finos, motivados y con ganas de ganar y arrancar con toda este nuevo semestre.

Otra vez, como protagonistas de la historia, aparecen los volantes y creadores, Jarlan y Sánchez, su parecido físico se hace analítico en su coordinación ofensiva. Pase allá, y James allá. Jarlan corre y el otro también. James a la mesa, y la comida servida por el diez. Y así fue como llegó, el primer y único gol del partido. Jarlan prepara, con nuevos ingredientes, un arroz de lisa a bocajarro, acompañado de unos patacones con suero, crema agría para los extranjeros, James las recibe, se voltea y pa dentro. Rico manjar. Exquisito para el paladar. Dulce disparo a puerta y a las redes gastronómicas del país. Que se cuide la señora Piña, esos tamales están en peligro. ¡Cuidado Corozal!

Los jaguares intentaban, tiraban arañazos, mordiscos y lambiscadas, pero nada; nada de nada, los tiburones arremetían con fuertes aletazos, y alejaban los perniciosos ataques del local. Jonathan Ávila y Deivy Balanta, cumplieron dicha tarea, esos aletazos, se convirtieron en duras y delicadas barridas.

Tararán Tararán Tarán. El arbitro mira su reloj, se da cuenta de que su mujer ya va a servir la cena y termina el partido con un apurado silbatazo. Los tiburones saltan, celebran su paso a octavos de final, donde se enfrentarán con los siempre blanco, manizalitas, Once caldas. Se comieron al jaguar, atacaron, defendieron y también controlaron. Buen duelo del rojiblanco. Se fueron a explorar esas, cálidas y desérticas tierras sahagunenses, y como recuerdo se trajeron un dulce maná.