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En Manizales, tierra de alta montaña, en el estadio Palogrande, se disputó el primer partido de los octavos de final de la Copa Águila, entre los siempre blancos, Once Caldas, y el onceno tiburón, Junior de Barranquilla.

El partido, como anécdota especial, tuvo el enfrentamiento entre dos viejos y experimentados técnicos, Julio Avelino Comesaña y el debutante, así suene cómico decirlo, Francisco Maturana, que hoy volvía al ruedo profesional del balompié colombiano, después de manejar ciertos cargos en la FIFA.

Las manecillas del reloj dieron las 7:45, hora definida para el inicio del primer tiempo del partido. Silbato a la boca y rueda el balón. La caprichosa comienza a saltar por el césped caldense, más precisamente en pies curramberos, quienes decidieron envalentonarse en tierras visitantes; la amarran,la tocan, le dan besos de avidez y la sueltan, en el segundo y tercer tercio de la cancha.

Mientras tanto, los locales defienden e intentan recuperar el esférico y tomar control en su casa, ¡a poner orden!-gritaba el profe Maturana; le pasan los años, pero no se le olvida la gallardía que deben demostrar sus jugadores en el terreno. Michael Ortega, el domador de tiburones, por lo menos el único en cancha, retoma el balón, lo distribuye y genera la primera opción de peligro del partido. Tiro de larga distancia y a las manos del guardameta Sebastián Viera, quién se ponía sus guantes por quingentésima vez en su vida, en su vida futbolera.

Los rojiblancos dominaron los números de la estadística de la posesión, sin embargo, no lograron culminar ese dominio en las redes rivales, siendo un remate del paragua Ovelar, la jugada de más peligro; recibió un pase largo del juvenil Barrera, controló con muslo derecho y disparó con demasiada fuerza ante la salida de José Fernando Cuadrado. Balón por encima de la portería y fin de la primera parte de juego.

La segunda parte arranca, y prende motores al igual como termino su antecesora. Junior al frente, el balón sobre todos los tiburones rojipintados y a remar sobre la caudal. Toma  y dame, controlar, cortar y dejar, pared por aquí, pincelada por allá. De tanto pintar y cortar, los dirigidos por Comesaña afilaron sus dientes, agarraron a su contrincante y lo mordieron. James para Jarlan y este para Gutiérrez. Germán se lanza en tromba y tira un centro potente hacia el parietal derecho de Ovelar. Movimiento pendular y hacia las redes. Uno a cero, adelante el conjunto visitante.

Pacho no titubea y manda su primer aviso a sus dirigidos, sale el primerizo Sergio López, dándole paso al experimentado trotamundos,Elkin Soto; que toma oficio de mediapunta, siendo un apoyo para el incansable Ortega. Entre estos dos, retomaron el balón, lo amasaron y repartieron por todo el verdoso campo. Mas no pudieron contagiar a sus compañeros con su clase; los balones llegaban, claro, a zona de tiro, pero no pasaban de ahí.

Junior, mientras tanto, se organiza y se aclimataba en su territorio; cuatro defensas, cinco volantes y un solitario atacante, se resguardaban de las venideras avalanchas manizalitas. Entraron Serje, Escalante y el argentino Cuesta, hombre por hombre y sin cambiar dicho esquema. Finalmente, con ellos se defendieron, rechazaron e intercambiaron las ofensas estratégicas del veterano Maturana. Se cerraron atrás y bajaron la persiana de la obra. Fin del partido.

En Barranquilla se celebra, el Junior, que hace dos semanas eran promesas y verborreas, hoy fue una realidad, salieron, como casi nunca lo hacen los equipos de Comesaña, a robar el botín ajeno en otras canchas. Ojalá, todos esos, que en este instante están rojos y dichosos, caídos en un alborozo comunal, metan su mano en la chequera, saquen lo necesario para el abono y lo compren. Dos partidos, dos victorias y ya no habrán sillas, aprovechen. Y si no pueden, vayan a los prestamistas, a los bancos, saquen avances, pidan prestamos, que este onceno quiere gloria y huele a fantasía.